El vino
- Princesa, te invito un trago de vino.
- No puedo, me cae mal para las piernas.
- ¿Se te hinchan?…
- No, se me abren!!
- Princesa, te invito un trago de vino.
- No puedo, me cae mal para las piernas.
- ¿Se te hinchan?…
- No, se me abren!!
Jaimito era un gamberro en clase. La maestra era ciega. Un dÃa enfadada le mando a todo el mundo a raparse la cabeza. Jaimito penso: “Cómo me voy a rapar la cabeza con mi cabello tan bonito como lo tengo.”
Entonces tuvo una idea. Al dÃa siguiente la maestra empezó a tocar las cabezas de los niños y todas estaban correctas, pero cuando llegó a Jaimito, Jaimito le puso el culo para que lo tocara y la maestra exclamó:
“¡Muy bien, Jaimito y con la raya en medio!”
Estaba Pepito en un colegio de monjas y hablaba con un amigo y le decia deseo ver a una niña y platicar con ella. Como el colegio tenia una barda grande donde separaban a los niños de las niñas, Pepito muy astuto hizo un paqueño orificio y veÃa a través de él todas las tardes a Rosita sentada debajo de un árbol.
En una de esas veces que la veia, Pepito decidió brincar la barda, pero ésta tenÃa un alambre con púas, además que era muy alta. Pepito agarró valor y decidió enfrentar ese paligro por tal de ver y conversar con esa niña. Finalmente pasó al otro lado y se acercó a la niña y le dice:
“¡Cómo te llamas!”
“Rosita, pero me quitaron el ita al entrar al colegio. ¿Y tu como tellamas?”
“Pepito, pero me dicen Pe.”
“¿Y el pito?”
“El pito lo dejé en la barda por venir a verte.”
Un grupo de legionarios estaba de maniobras en una montaña cuando, súbitamente, comienza a llover de una forma increÃble. Uno de los mercenarios, entre el acojone y la lluvia se pierde. Andando y andando se encuentra una casa y va hacia ella. Toca a la puerta y sale una mujer:
“Hola, buenas, ¿qué se le ofrece?”
“Pues mire, que soy un legionario y busco una cama para dormir porque, ya ve, estoy pillando una pulmonÃa…”
“¡PEPEEEE, le dejamos pasar!”
“Hombre, sólo hay una cama, pero una mala noche la tiene cualquiera… Venga, que pase”.
Pues nada, que pasa el soldado y cuando llega la hora de dormir, se acuestan todos en la cama. El marido a un lado, el invitado en medio y la mujer al otro lado. A medianoche, la ventana empieza a dar portazos y se monta en la habitación un frÃo de esos que hacen que se te hiele hasta lo que más caliente se pone. Dice Pepe:
“¡MarÃa, levántate y cierra la ventana!”
“Pero, hombre, si aquà está éste de acoplao, ¿por qué la tengo que cerrar yo?”
“Hombre, yo con mi pulmonÃa…”, se queja el legionario.
“Bueno, bueno, hacemos una cosa: el primero que hable, se levanta y la cierra”, propone Pepe.
Pasan las horas, la una, las dos, las cuatro… Y allá por las cinco y media grita la mujer:
“¡PEPE, QUE ME HAN FOLLAO!”
“¡A cerrar la ventana, que a mà me han dao por el culo y me he callao!”
Una pareja de amantes está retozando en la cama cuando oyen entrar al marido. Saltan de la cama y ella le calma:
“No te preocupes, te voy a cubrir de talco y te estás completamente quieto para pasar por una estatua”.
Rápidamente lo cubre, quedando él todo de blanco. Al momento, entra el marido en la habitación.
“¿Qué tal, cariño?”
“Pues, muy bien, mi amor”.
“¿Y esta estatua?”
“Pues nada, vi el otro dÃa una igual en casa de los Pérez, me gustó y la he comprado esta mañana”.
Sin más comentarios se acuestan los dos.
A las tres de la madrugada, el marido se levanta, se va a la cocina, coge un vaso de leche y unas galletas y regresa a la habitación. Se acerca a la estatua y le dice al oÃdo:
“Toma, machote, que yo me pasé asà tres dÃas en la casa de los Pérez y no me ofrecieron ni un vaso de agua”.